miércoles 16 de noviembre de 2011

Roxanne está rota.

ROTA.

Esa era la palabra que le venía a la cabeza una y otra vez.

Rota. Rota. Rota. Estás rota.

Roxanne tenía miedo. Por haber perdido los amigos, y las formas, por haber perdido a Caleb, a Cassie, a Camilo y a Dante. Por haber perdido la gente con la que bailar un sábado por la noche, por haber perdido las ganas de beber de un vaso hasta olvidarse.

Rota. Rota. Rota.

No dejaba de repetirse una y otra vez lo rota que estaba, las ganas que tenía de huir, y lo lejos que estaba todo. Su mundo estaba en ruinas. No le quedaban amigas donde vivía, en aquel pueblo al lado del mar. No le quedaban amigos con los que tomarse una copa el sábado más próximo. Sólo le quedaban amigos de charlar. Nadie con quien destruirse. Esa no era Roxanne.

Rota. Rota. Rota.

Que miedo, joder, que miedo tenía Roxanne. De estar rota y no poderse reponer. Que miedo le daba la monotonía, y que todo fuese siempre igual.

jueves 3 de noviembre de 2011

Roxanne perdió la inspiración

Ya no tenía esa inspiración inexplicable que solía venirle cuando en vez de llorar, reía. Y la echaba de menos. En exceso. Probablemente sería porque llevaba más de un año sin subirse a un avión, y a Roxanne los aviones la inspiraban.

Le hubiese gustado decirle a Caleb todo lo que pensaba. Caleb era nuevo en su vida, y llevaba dos meses siendo amada por él. Sí, él la amaba. No necesitaba enamorarle porque ya lo estaba. Y era perfectamente rubio, con sus ojos perfectamente azules, perfectamente bueno, tan perfecto.
Tan perfecto que dolía. A Roxy le dolía.

Estaba más confusa que nunca. No sabía bien si era porque sólo habían pasado dos meses y a ella le parecían 6 años. O porque Caleb era demasiado bueno, y ella demasiado mala, y masoquista, y amargada.

¿Dónde estaba la pasión? La había perdido, igual que la inspiración. Era sistemática, monótona, racional y moderada. Ya no era Roxanne. Ya no se destruía cada fin de semana, ni bebía hasta olvidarse de la vergüenza, ni lloraba, ni se inspiraba. Ya no era Roxanne. Y se echaba de menos.

La facilidad con la que Caleb había entrado en su vida, como una tabla de salvación para un coche que estaba estropeado la asustaba y la confundía. Esa no era Roxanne. Ella era de las que amaban hasta que dolía, sobre todo dentro de ella y sobre todo cuando escribía. Pero ya no tenía letras que dedicarle al amor doloroso, ni al atmosférico, ni siquiera al amor perfectamente perfecto.

Ahora se preguntaba si no estaba jugando a estar bien, quedándose sentada en cualquier sitio. También se preguntaba si estaba rota del todo, si aquél mecánico no la había estropeado para siempre. Era duro. Era duro darse cuenta de que no todo lo que reluce es oro, y que por perfecto que fuese todo, no era lo que la hacía feliz.

Caleb no era igual a ella, ni la veía como una igual, la veía como alguien superior, como un ser divino, como una diosa. Y Roxy era cualquier cosa menos eso. Roxy era mezquina, soez, desvergonzada, cruel, egoísta, mala. Roxanne se sabía mala, pero le gustaba. Lo que no le gustaba es que la gente creyera que era cosas que no era, y menos Caleb.

- - ¿Sabes qué pasa? Que me encanta como eres

- - No sabes como soy

- - Sí, eres guapa y buena, eres la chica más inteligente que conozco, y curiosa y culta, tienes inquietudes intelectuales, y te gusta el cine y la música, eres generosa, sabes escuchar, amiga de tus amigos, cariñosa, cálida, perfecta.

Y cientos de mentiras más. Pensó Roxanne. Ella no era guapa y no era inteligente, ni generosa, ni altruista, aunque sí le gustase el cine y la música, eran gustos que no le gustaba compartir, que eran suyos. Su música, sus películas. Ella era sólo ella, y estaba hecha para ser sólo ella.


Dante me estropeó para siempre. Y le dolía, porque había perdido esa inspiración inexplicable y la pasión, y porque no quería tener a la perfección perfecta de Caleb a su lado, aunque le quería, no quería que fuese perfecto.

miércoles 24 de agosto de 2011

Roxanne y el cansancio.

Roxanne estaba cansada. Cansada de leer un libro al día, cansada de llenarse la cabeza con las historias de amor de los demás, cansada de creerse las tramas de sus libros, y las de sus amigos.

Todo a su alrededor cambiaba, no sabía bien si era el tiempo o el final del verano, pero de repente, todo el mundo estaba enamorado. Y le daba asco. Le daba asco no sólo por la envidia, sino porque sabía que ella realmente no quería eso. Ella quería la libertad de estar solo y andar por la carretera, solo parando cuando necesitase repostar en alguna gasolinera que no tenía porqué conocer, ni siquiera tenía por qué gustarle.

Era una situación extraña. Todos a su alrededor se veían extraños, y había perdido las ganas de seguir siendo atmosférica.
Se le erizaba la piel al pensar en lo sola que se había quedado. Todos, todos los que importaban, ahora estaban de dos en dos, y ella no cabía. Ella no cabía porque no quería. Desde siempre le había resultado incómodo estar en la misma habitación de una pareja que no fuera de su familia, y aún así, era reticente a salir con alguna de sus primas y sus flamantes novios.

Luego estaba esa extraña necesidad de estar todo el tiempo con Liam y Kem. Les necesitaba para respirar, y para vivir, porque ellos le daban todo lo que podría darle una pareja, sin ser pareja, sin las restricciones, sin las frustraciones sexuales, eso ya se lo guardaba para ella.

También había descubierto recientemente, y gracias a Cassandra, que todo el daño de Dante no se había emancipado con su partida. Ni con su olvido. Dante seguía clavado bajo su piel en cada respiración que daba. Cada vez que se miraba al espejo y crecía una pizca de la autocompasión y el odio inminente por sí misma. Cada vez que se planteaba si hoy debía comer chocolate, o mejor dejarlo para la siguiente semana. Cada vez que usaba ropas más y más largas. Ahí estaba Dante.
Y la peor de las heridas, era la que estaba cuando se quedaba a solas con un chico, cuando no se atrevía a mirar, por si la besaba, porque ya dudaba hasta que supiera besar. Ya no gustaba, porque ella no se gustaba. Cualquier indicio de interés la hacía huír, cuando antes le gustaba jugar. Ahora ya no se desnudaba delante de ningún hombre. Y cuando la tocaban por debajo de la ropa, entre las piernas, se asqueaba. Y sabía que la culpa era de Dante.

Roxy estaba cansada. Completa e irremediablemente cansada. Necesitaba dejar de circular, porque el coche merecía una revisión, y porque ya hasta las gasolineras al pie de la carretera las dejaba atrás. Sabía que al final se pararía, que las tuercas tenían que ser apretadas. Un lavado, una puesta apunto, y podría volver a correr libre. Pero estaba tan cansada que le daba miedo que su coche se quedase en el arcén, igual que le daba miedo que algún mecánico lo estropeara, como Dante hizo. Que la estropeara.

martes 2 de agosto de 2011

A Bibi y Wil: Vuelvan.



Hoy está nublado. Estamos en Agosto y chispea. Supongo que el estado anímico siempre tiene que ver con las borrascas.
Hoy estoy nublada, y borrascosa, y definitivamente triste.
¿Saben esa sensación de sentirte desgraciada y a la vez feliz? Pues así estoy hoy, borrascosa.

Hoy es el día en el que dos amigos muy importantes se van lejos, a 4000 kms de distancia, para ser más concretos. Empiezan una nueva vida, y les deseo toda la suerte del mundo, pero definitivamente, estoy triste.

Me hubiese gustado compartir más momentos, más risas, más llantos, más locuras y más charlas sinceras.

A Habiba, darle las gracias, por todo. Por lo bueno y lo malo(que ha sido bastante poco). Me hubiese gustado gastar más tiempo a tu lado, hacer más cafés por la mañana y hablar más largo y tendido sobre todo. Guardo recuerdos concretos, que creo que nunca van a olvidárseme. Como aquél día que comiste en mi casa, y mi madre se enamoró de ti y de Yasmin por ser tan humildes y tan sencillas, por que mojaste el pan en la salsa y la ensaladilla te pareció buenísima. También el día de tu despedida, que tuvimos tiempo de hablar, aunque fuera muy borrachas, sobre la vida, la autoestima, y lo que debemos pensar de nosotras mismas. También recuerdo todas las veces que me has dicho que no eras de hacer amigos nuevos, y sin embargo, me has acogido como si fuera una más desde el primer día, porque has sabido ver lo que hay detrás de la per
sona que la mayoría de la gente odia al principio. Gracias por defenderme cuando ha hecho falta delante de mis detractores, gracias por decirme tantas veces lo guapa que soy y lo mucho que tenemos en común, que sólo hace que te quiera más y esté loca porque te marches.
Perdóname si alguna vez he cometido errores, soy humana, y quiero que te acuerdes de lo bueno, nunca de lo malo.
Suena a despedida para siempre, pero sabes que no, que es solo un "Hasta Luego!", y que volveremos a vernos y a abrazarnos y a beber hasta morir, más pronto que tarde.
Gracias otra vez, por abrirme las puertas de tu casa, por abrirme el corazón, y por decirme tantas veces que me quieres. Siento no poder expresarme con palabras cuando debo, en el fondo me cuesta demostrar lo triste que estoy ante el mundo, prefiero escribírtelo, así las palabras no se las llevará el viento.
Creo que lloraré, aunque hace mucho que no lloro, porque las despedidas me gustan sólo porque siempre debe haber un reencuentro.
Vuelve, no es una petición, es un ruego. Vuelve porque quiero volver a abrazarte, porque me encanta tu risa, y cuando dices NOH echando la cabeza hacia atrás, y cuando sonríes y parpadeas exageradamente, porque me encanta cuando bebemos y nos ponemos en plan sinceras, y porque sabes como hacerme sentir mejor en cada momento que me hace falta. Vuelve, porque te voy a echar de menos.


A Wilhelm, quizá contigo he pasado menos tiempo, aunque estuviste siempre ahí, cada vez que iba a casa de las chicas. Eso no significa que no este triste porque te vayas, eso significa que te echaré de menos. Gracias por todas las risas, gracias de verdad. Por todas las veces que has querido asustarme con SuperSidosos y gente drogada, por tratarme como una niña pequeña cuando se trata de Raves y sobre todo por lo cercano que has sido desde el principio.
Siento no haber podido compartir contigo más momentos, aunque me llevo recuerdos muy gratos, como nuestro teatro kinki en la fiesta de despedida, o todos los cigarros que me has pedido :P.
Vuelve. Te digo lo mismo que a Bibi: vuelve. Porque sino nadie me va a hacer doblarme de risa imitando a los kinkis, nadie se va a enfadar porque le copien, o porque las dilataciones estén de moda. Vuelve porque me encanta cuando gesticulas moviendo los brazos, y cuando entrecierras los ojos y pones la cabeza hacia un lado cuando te pones serio y hablas de cualquier cosa que tenga algo de importancia. Vuelve porque ya nadie me va a pedir un tabaquito, ni me va a llamar Wacamolly. Vuelve, cabrón.



En definitiva, vuelvan, porque no me ha dado tiempo de exprimir el tiempo con ustedes, y porque, sobre todas las cosas, los echaré de menos.

Vuelvan! Y suerte en todo lo que se propongan, porque se lo merecen.

martes 10 de mayo de 2011

Roxanne y Hakem

Roxanne sabía como era.
Se conocía desde el mismísimo día en que nació, obviamente.
Y por eso y solo por eso, sabía donde se estaba metiendo cuando permitió que sus ojos -libidinosos y ávidos de fantasía romántica- se posaran en Hakem.

Roxanne tenía mucho en que meditar, muchísimo. Ya nunca pensaba en Dante, ni en Thom, ni en nadie.
Había huido de aquellas tierras lejanas y frías, y ahora estaba junto al mar, donde Camilo aseguró que volvería. Camilo... ¡Ay! Camilo... Camilo ya no existía, ni Evelyn, ni Charlotte... Hasta Julien estaba lejos. Y en el fondo, todo eso dolía.

Roxanne había cambiado su vida cuando había decidido volver, dar un paso atrás, todo había cambiado, gente nueva, cosas nuevas, nuevas formas de pensar. Y Hakem.

Hakem la había desestabilizado, y la desestabilizaba. Era su mejor amigo,y por eso siempre le llamaba Kem, como Egipto. El país de Kem, el país de su Hakem. No. No era suyo y nunca iba a serlo.
Le recordaba a Camilo, porque compartía con él el coche y los días de aburrimiento. Le recordaba a Thom, porque era frío y luego no lo era. Le recordaba a Liam porque se llevaban bien entre ellos. Le recordaba a Dante porque... no, mentira, no le recordaba a Dante, y eso era lo que más le gustaba

Durante los meses en los que había pensado en Hakem cada vez que sus dedos se perdían en sus braguitas, los meses en los que cada vez que regalaba a cualquiera una parte de sí misma entre jadeos, se convencía de que Kem también lo haría, durante todos esos meses, había llegado a pensar en que estaba enamorada.

Pero hoy había sido diferente. Hoy se había dado cuenta de que Kem no era parte de lo que ella quería para el futuro, porque ella no pensaba en compartir con nadie su futuro. Bendito futuro me espera, pensó. Pero así era. Ella quería ser mayor, tener 30 años, y comer comida a domicilio con su ordenador portátil en las rodillas y ningún otro acompañamiento que una copa de vino espumoso. En su futuro no entraban Dantes, ni Thoms, ni siquiera Hakems. En su futuro estaba ella. Y tenía que cuidarse.

Una conversación, una simple conversación con Cassandra. Sólo dijo: "Sabes esa frase que dice Prometer es mentirle al destino, es perder por adelantado, pues esa es nuestra forma de vida"
Y Roxanne pensó, simplemente, que tenía razón, y ahora, con Hakem de por medio, se daba más cuenta.

Roxanne vivía al límite de sus posibilidades, con todo, sobre todo consigo misma y su salud. Y Cassie era ella. Cassandra era todo lo que ella era. Y sabía cuando Roxy mentía, cuando se lo hacía a los demás y cuando se lo hacía a sí misma. Porque Cassie la conocía demasiado bien. Había sido la primera que había hablado con ella directamente sobre Hakem, la primera que le había dicho a la cara que era estúpida por ser su mejor amiga, por dormir a su lado y no querer tocarle, por permitir que él fuese y viniese dentro de su cabeza sin hacer nada, por alentarle cada vez que Kem buscaba una nueva conquista.

Pero Roxy no quería una vida con Hakem, Roxy quería tenerle. Por encima de todas las cosas era la posesión lo que apremiaba. Necesitaba derramarse sobre su cuerpo y mezclar su saliva con la de él deshojando cada segundo como una margarita. Quería gemidos, quería dedos que se clavaran en su carne, y sobre todo quería que fuese suyo. Una vez. Le quería una vez.

- Probablemente después te volverás loca y te obsesionarás hasta límites que no imaginas- Cassie dió una calada al cigarro que tenía en la boca y la miró sonriendo.
- No sé, quizá. Aunque también podría ser que después de acostarme con él se convierta en uno más de mi lista y desaparezca de mi cabeza- Roxanne no la miró.
- Entonces éntrale. La próxima vez que estés con él a solas tócale, dale un beso, cómetelo.
- Hakem no es de los que se deja comer, Cassandra, y lo sabes.
- Roxy, eres idiota, es un tío, siempre se dejan devorar. Lo que pasa es que tienes miedo, porque significa más para ti de lo que asumes y crees que podría significar aún más si le pruebas.

Roxanne no habló. El cigarro se consumió.

Sabía que era verdad, en el fondo. Que los celos la consumían cuando veía como trataba a esa otra chica, esa otra chica que también era amiga de Roxy. Le consumía vivir sin saber que pasaría: si mañana le contaría lo bien que lo pasó en el coche con ella, o lo mucho que gimieron en su cama, o que se iba con ella a algún parajje inóspito.

Mierda. Otra vez. Otra vez esos celos, esa misma sensación de desasosiego intenso, de no llorar y sin embargo morirse de ganas por derramar una lágrima.

Roxanne sabía como era, como funcionaba su mente. Y a pesar de eso, había puesto los ojos -libidinosos- en Hakem. Su Kem, que nunca sería suyo.





lunes 28 de febrero de 2011

Sentidos.

Se me despiertan los sentidos
o se me duermen según les apetezca.
Recorrerte las verdades en la cabeza
y olvidarte cuando abro la boca.

Mi alrededor se amotina en tu contra,
porque no te mereces la espera,
y hay una parte de mí que decide poner tiritas
y otra que cree que las heridas estarán siembre abiertas.

Desapareces del contestador
y no quedan mensajes nuevos en la bandeja.
No hay cartas de amor, ni las hubo,
ni siquiera en mi cabeza.

Ojalá me hubieses cortado las alas
y me hubieses amueblado el apartamento de la playa.
Ahora huyo del suelo, y vuelo
porque la arena en los pies me quema.

Hay una parte de mí que decide regalarse
y apagar todos los sentidos.
Y luego está la otra parte, la que no se atreve,
la parte que te desea.

miércoles 23 de febrero de 2011

Tal cual

Levantarte por la mañana pensando que tu puta vida no tiene ningún puto sentido.

sábado 29 de enero de 2011

Infraestructuras erróneas

Quizá sea necesario que por una vez no me tire a la piscina
porque me has puesto un muro de contención alrededor
o me lo he puesto yo.

De repente vuelvo a estar cansada de subidas y bajadas de corazón
de que el pecho me reviente en cada pensamiento
y se humedezca la razón.

Me rodeo de historias que quiero que me cuentes, y no lo haces
y no lo hago yo.
No quiero llorar ni una lágrima, porque ya el grifo se cerró.

He querido descubrir mares ocultos
y explorar tierras inóspitas que dejan atrás los sentidos.
Y perdí la orientación.

El daño ya está hecho y la sonrisa ya me sale sola.
No quiero darle a mi cabeza la atadura de un solo amor,
prefiero regalar mis secretos al mejor postor.

Queda demostrado que la incompetencia de mi arquitectura
ha dado como resultado infraestructuras erróneas,
y con ellas me derrumbé yo.

lunes 29 de noviembre de 2010

Caperucita

Conocí hace un tiempo a una Caperucita
que ni llevaba comida a su abuelita,
ni llevaba caperuza roja.

Pero sí se encontró a un lobo,
que resultó tener alma de cordero.
Y Caperucita se sentía engañada,
porque su lobo, ni era malvado, ni era feroz.

Insistente era la Caperucita a la que conocí
y caprichosa, sobre todo caprichosa.
Recuerdo que me contó todo lo que lloró
que quería huir para siempre de las fauces de aquel lobo
y que de pronto ya no.

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Conocí hace un tiempo a un lobo feroz
que tenía el corazón de un pequeño cordero.
Tenía los dientes grandes, y los labios también.

El lobo no se comió a ninguna Caperucita,
pero sí se enamoró, aunque resultó salirle rana.
Y el Lobo se sintió engañado,
porque su Caperucita ni era dulce, ni era delicada.

El lobo al que conocí era testarudo
y también un pobre desgraciado,
pues de la Caperucita equivocada se había enamorado.
Ahora el lobo lloraba, y Caperucita ya no.

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Conocí hace un tiempo a una Caperucita
que amaba a un lobo, y después no le amaba.
Una Caperucita que en realidad era mala.

Conocí hace un tiempo a un lobo
que amaba a una Caperucita y todo por ella lo daba.
Pero ella en realidad era mala.

viernes 12 de noviembre de 2010

Pregúntome


Me pregunto si será necesaria toda esta pantomima.
El ir, el venir, el llorar, el hacerte llorar a ti.

Me pregunté una vez si valía la pena, y poco después me respondí que sí la valía.
Ahora no lo sé.

No sé si estoy en el mismo punto que estás tú. No sé si seré líquida, como el agua, y me adaptaré a las curvas de tu cuerpo, o si me sublimaré, y me haré vapor, y me iré en el aire igual que vine.

No sé si estoy tan enamorada de ti como creía, y no sé si eres tan fácil de olvidar como imagino. Todo me da miedo.

Me pregunto si será necesario seguir enfadandome por todo, y seguir teniendo eternas intenciones de tirarlo todo por el retrete.


lunes 25 de octubre de 2010

Deseo.

Deseo:

Del latín desidium (deseo erótico)

1. m. Movimiento afectivo hacia algo que se apetece.

2. m. Acción y efecto de desear.

3. m. Objeto de deseo.

4. m. Impulso, excitación venérea.

5. m. Apetito sexual.

-Arder en deseos de algo.

1. loc. verb. Anhelarlo con vehemencia

Tienes las respuestas a todas tus preguntas.

Te deseo

miércoles 6 de octubre de 2010

tú.


Tengo necesidades. La más importante eres tú.
Tengo sueños. El más bonito eres tú.
Tengo días buenos. Los mejores me los das tú.
Tengo realidades. Mi realidad eres tú.

viernes 1 de octubre de 2010

Hay días, y días



Hay días en que te diría cuanto te quiero
y cuanto necesito estar a tu lado.
Hay otros días en los que te odio,
tanto como para matarte.

Hay días en los que le gritaría al mundo
que me haces sentir mariposas en el estomago.
Que me pegaría a tus labios, y no volvería a separarme.
Que tatuaría tu piel a la mía, para que nunca te fueses.

Hay también otros días, en los que te echaría de mi vida,
porque me da miedo lo desconocido, y a ti no te conozco.
Que hay veces que las malas lenguas,
me hacen mas daño del que podrías hacerme tu si te fueses.

No llevo la cuenta de las noches que te echo de menos,
Las que deseo tenerte en mi cama, y abrazarte.
Y cuando cierro los ojos me imagino tu espalda,
y ese tatuaje, que mas me hace desearte.

Quiero dejar mis labios en los tuyos,
Impregnar mi almohada de tu olor y recordarte.
Quiero tener tus manos entre las mías, y acariciarte el pecho,
Que ya sabes cuanto me encanta.

Hay días en los que te ataría a mi cuerpo,
En los que deseo que seas solo mío, y no compartirte
Y hay otros días en los que desearía no despertarme,
Porque no voy a encontrar tu sonrisa a mi lado

lunes 27 de septiembre de 2010

Da igual.

Roxanne, o Úrsula, o Molly, o Yvonne.
Ahora daba igual.
Todo estaba bien.
Y la atmósfera estaba en calma. Porque Dante la hechizaba.

martes 7 de septiembre de 2010

Roxanne y el arrepentimiento.

Roxanne nunca había querido imponer su forma de vida. Además le daba miedo arrastrar a alguien a la espiral de la que había decidido no bajarse. Roxanne no quería hacer daño, pero sabía que lo hacía. Se lo hacía a los demás y sobre todo a sí misma.
Tenía conductas levemente autodestructivas, era adicta a casi todo lo que probaba: tabaco, café, sus uñas... Por eso le daba miedo la droga, porque era una propensa a los vicios.

Su espiral no paraba de girar, y Dante había decidido personarse en todas y cada una de las vueltas que daba. Y de repente, apareció Thomas.
Thom hizo que Roxy pensase seriamente en cambiar. Que quisiese bajarse de aquella montaña rusa de una vez por todas. Adiós al tabaco. Menos café. Haz deporte. Toma decisiones. Comida sana. No más droga. Bebe con moderación.
Mentira. No iba a hacer nada de eso. Mucho menos teniendo en cuenta que Thom tenía su vida, y ella era sólo una amiga. Pobre Roxanne. Últimamente no sabía más que encontrarte con las hormas de sus zapatos.

-El tabaco crea ansiedad, ¿sabes?- Thomas la miraba mientras ella exhalaba el humo del cigarrillo.
-Sí. En eso se basa el efecto de la nicotina, crea dependencia física para que sigas fumando. A mi el tabaco me relaja, por eso fumo, por eso, y porque soy adicta.
-¿No ibas a dejarlo?
-Sí, pero yo soy de romper promesas, ¿sabes?
Thomas se quedó callado. Habían pasado el día juntos, y el se marchaba esa tarde. Hablar, hablar, hablar, que fácil era no aburrirse con Thomas. O que fácil era entretenerse con Roxanne.

-No te vayas- alcanzó a susurrar ella
-Tengo que irme...
-Me gustas...
- Que?- preguntó él
- Que me gustas, me encantas, que el tiempo contigo vuela, que eres la única persona por la que olvidaría todo, por la que me bajaría de la montaña rusa y no volvería a subirme.
- Roxy... no puede ser... somos completamente incompatibles y lo sabes... mira lo mucho que discutimos siendo amigos, imagina si fueses algo más. No me gusta tu forma de vida, no puede gustarme, y no puedo aceptarla... Además... Yo me voy, y ya no nos veremos en mucho tiempo.
- Soy consciente, lo acepto, respeto lo que dices, no me voy a lanzar a tu cuello, ni va a cambiar mi actitud contigo, pero tenías que saber que me encantas...

Los ojos de Thomas la sobrecogían. Y sus labios le pedían a gritos que le besara, pero por primera vez en muchos años, tuvo miedo de hacerlo. Tuvo miedo de responder a sus impulsos actuando. Y no lo hizo. Era la primera vez en su vida que se arrepentía de algo que no había hecho, y la primera vez en que no vivió deprisa.

Roxanne miró el mar acordandose de como se había marchado Thomas, de ese beso que nunca le dió, y del olor de su piel. Los colores de su tatuaje se confundían en su cabeza. Una calada más. Un adiós más.

lunes 2 de agosto de 2010

Elías, te quiero :)

Felicidades.

Felicidades porque estás en casa. Y porque es tu cumpleaños.
Ahora el Atlántico me parece más frío, porque me quedas lejos, tanto como me quedaba antes el mar.

Felicidades porque cada día me pareces mejor persona. Y porque es tu cumpleaños.
Ahora tengo más ganas de verte que nunca, y me da una pena horrible el haberme marchado.
El calor me nubla un poco las ideas, y la humedad aumenta mis pocas ganas de estar sentada ante el ordenador. Pero creo, y sé, que tenía que escribirte. Porque Julien salió de la nada, y se ha convertido en parte del todo. Y porque hoy es tu cumpleaños.

Felicidades porque eres fuerte. Y eres tan fuerte que se me encoge el estómago cada vez que me acuerdo tu nombre. Y te confieso que me muero de ganas de comerte a besos y de escucharte reir, que me encanta tu risa. Quiero que vengas a ver esto, a ver el sol y la playa, y a bañarte en el Atlántico, que siempre está frío, pero ahora que estoy lejos, me hiela.

Felicidades porque hoy es tu cumpleaños. Y aunque no me reconozcas al teléfono, a pesar de que mi acento hace eco de mi canariedad, te quiero. Y te quiero porque en tan poco tiempo te has hecho un hueco enorme en mi pecho, porque al principio no hacía más que odiarte, y ahora... ahora... ahora te quiero.

Felicidades por haber tenido la paciencia de escucharme tantas veces, y por aconsejarme películas tan buenas como Once. También felicidades porque tu gusto cinematrográfico es cada día más bueno, y porque estás en casa y también porque hoy es tu cumpleaños.

viernes 30 de julio de 2010

Roxanne y Thomas.

Sentía la imperiosa necesidad de volver a verle, y sin embargo, no quería tenerle cerca. Sentía hervir dentro de sí la pasión y, a la vez, pensaba que cada orgasmo que le había regalado había sido en vano.
Tres noches. No, fueron dos, porque la última, Roxanne durmió de cara a la pared, lo más lejos posible de la cama contigua, en la que él dormía. No se conocían. No sabían nada el uno del otro y Roxy había decidido, como tantas otras veces, entregarse a él, mientras el vodka se evaporaba con su sudor.
Habían pasado 5 años desde que se habían visto por primera y última vez. Entonces las cosas eran distintas: él tenía a alguien, y ella no se había fijado en él. Ahora era Roxanne la que tenía a Dante, y él estaba más guapo que nunca.

Después de algunos meses de hablar -ordenador mediante- decidieron hacer un viaje de amigos. Un viaje de 5 amigos. Iba la pequeña y frágil Evelyn, también iba Laurence, un amigo común de ambas. Los tres cogieron un barco y se fueron. Cuando ya estaban instalados en la habitación llegaron ellos. Llegó él: Thomas. Además de su mejor amigo, del que Eve había estado locamente enamorada hacía casi un lustro. Era un viaje de amigos, "No va a pasar nada" se repetía a sí misma sin parar Roxanne.
La primera noche quiso regalársela a Evelyn, para que quitase de su pecho todas las espinas que tuviese con aquel muchacho de ojos verdes y piel morena. Roxy durmió en la misma cama que Thomas, en la cama contigua, su amigo Laurence, pero insistieron los dos: -No va a pasar nada.

Él le olió el pelo y la agarró en silencio pegando su cuerpo a la espalda de ella. El corazón de Roxanne se descontroló y su piel se erizó. Cada centímetro de su cuerpo se estremeció cuando el aliento de Thomas le impregnó la nuca. Era imposible resistirse. O eso se dijo para evitar culpabilidades. Se dio la vuelta y le besó. Olvidaron a Laurence. Olvidaron que en la habitación contigua estaban los mejores amigos de ambos. Olvidaron la vergüenza y las cadenas, y se abandonaron. Roxanne perdió la razón y la ropa interior. Dos veces. Dos veces se equivocó esa noche, y otra más al día siguiente.

Roxanne ahora sentía que su mente estallaba cada vez que pensaba en él. Y Thomas seguía con su vida, porque aquello no había sido nada más que lo que fue. Dolía. Y Roxy buscaba desesperadamente a Dante, para refugiarse del dolor bajo sus alas, entre sus labios, en sus ojos verde musgo. Cada vez tenía más ganas de correr y huir. Y su corazón se batía en duelo con su cuerpo.

No podía olvidar aquel tatuaje, aquella piel que tanto acarició, ni aquel olor.


lunes 14 de junio de 2010

Luego bésame.

Pregúntate una vez más si vale la pena.
Luego bésame.
Déjame empañar los cristales de la habitación con mis suspiros
y después escribe mi nombre y un corazón.

Quiero perderme en tus labios por primera vez.
Dejar que tus manos me rasguen la piel.
Y desnudar mi vergüenza ante ti.
Luego bésame.

Dime que no me quieres ni ver.
Que me odias por encenderte el deseo.
Que quieres que mi camino no cruce el tuyo.
Y luego bésame.

Animaliza(me) el cuerpo y la cabeza.
Destruye los recuerdos que queden de él.
Recorre con tu saliva todo mi ser.
Y bésame.

Pregúntate una vez más si quieres arriesgar.
Luego bésame.

lunes 24 de mayo de 2010

así fue

Y cuando casi vuelve a caer,
le empujó a él

sábado 15 de mayo de 2010

Roxanne, Evelyn, y las relaciones tirita


Las relaciones tirita. Así las llamaba Evelyn.

Roxanne era experta en relaciones tirita, y Evelyn experta en anhelarlas. Muchos años juntas, se conocían demasiado bien.

Eve sufría, le era imposible no sentir en cada poro, en cada instante de su existencia la pasión que sentía cuando conoció al hombre que ahora firmaba todas sus lágrimas.

- Las heridas no se curan con tiritas, y menos la tuya, está infectada. Tienes que dejar atrás todo lo que te emponzoña y pasar página. Échate alcohol, que duela, que arda, que te haga llorar, pero deshazte del veneno- Roxy a veces pensaba con la cabeza.

- Ojalá fuese tan fácil.

- No lo es, y eso es lo paradójico. Sabes que estando con él, estás mal, y que sin él, también estarás mal. Ahora adivina, ¿cuál de los dos malestares pasará antes?

Evelyn se quedó callada. Sabía que Roxanne tenía razón. Eve lloraba al otro lado del teléfono. Roxy se alegró de no tenerla delante, porque las únicas ganas que tenía eran de darle una bofetada.

- ¿Quién mejor que yo te puede hablar de dignidad perdida?¿O de heridas infectadas? Nadie, Evelyn, nadie. Nadie va a ser tan sincera como estoy siendo yo contigo ahora mismo. Y te voy a dar un ultimátum, aunque no debería, si vuelves a hablar con él, no me hables nunca más si estás mal, buscate a otra a la que hacer caso omiso- Roxanne estaba siendo más dura de lo normal, pero su vaso se había colmado.

- Lo sé…

- Si lo sabes ¿por que insistes en ignorarme?

- No te ignoro… es que… siempre vuelvo.

- Pues eso se acabó, o se acabará nuestra amistad.

Las cosas estaban mal.

- Eve, te quiero, y no quiero verte así. No busques a otros, aprende a estar sola…

- Las tiritas no curan heridas…

- Tienes razón, y solo por eso, por saberlo, deberías darte cuenta de que tu herida es demasiado grande, y está demasiado mal. Tienes que arrancar toda la infección, esperar a que sane, y entonces, cuando ya sea una cicatriz, podrás enseñarla al mundo y decir “Mira, esta cicatriz es de una herida enorme a la que fui capaz de sobrevivir, porque soy fuerte, porque puedo”. Sólo entonces podrás buscar otro que te haga heridas. O mejor aún, que tape todas las cicatrices con tatuajes bonitos que adornen tu piel

Ambas rieron. A Roxanne le encantaba oir reir a Evelyn, sobre todo cuando estaba tan mal, y por culpa de ese individuo que después de cuatro años había decidido hacerla sufrir más que nunca.

Roxanne siempre le había defendido, sobre todo el amor que sentía por ella, pero después de su dantesca experiencia, dudaba de todas las buenas intenciones.

Solo amigos no significaba seamos amigos, significaba “Aguanta mis desplantes, mis malas maneras, mi egoísmo y mis ausencias, y esperame con los brazos abiertos –y las piernas- cuando vuelva a casa”. Y Roxy no estaba dispuesta a que la pequeña Eve, su amiga, la que iba y venía, la que estaba siempre, pasase por ese atroz sufrimiento. No estaba dispuesta a que derramase ni una lágrima más por ese personaje, que no valía la pena, que no sabía quererla, que la dañaba –Roxy se alegraba en estos momentos de su alexitimia, porque ella no había derramado una lágrima.-

- Espero que me hagas caso por una vez, sobre todo porque creo que valoras nuestra amistad, y porque espero que él no sea más importante que yo.

- Lo intentaré Roxy… No le voy a llamar…

- Tampoco le cojas el teléfono. Hazlo por mí. Y un último favor, no busques tiritas, ni gasas, porque tienes el cuerpo demasiado dolorido, y lo único que puede curartelo es estar lejos de él.

- Gracias…

- No las des aún.

Colgó el teléfono. Se lió un cigarro y pensó. Las relaciones tirita. Ella era una experta, era su especialidad buscar alivio en brazos de cualquiera, y que mal lo estaba haciendo. Una calada más. El cenicero pedía a gritos ser vaciado, como su cabeza.