viernes 30 de julio de 2010

Roxanne y Thomas.

Sentía la imperiosa necesidad de volver a verle, y sin embargo, no quería tenerle cerca. Sentía hervir dentro de sí la pasión y, a la vez, pensaba que cada orgasmo que le había regalado había sido en vano.
Tres noches. No, fueron dos, porque la última, Roxanne durmió de cara a la pared, lo más lejos posible de la cama contigua, en la que él dormía. No se conocían. No sabían nada el uno del otro y Roxy había decidido, como tantas otras veces, entregarse a él, mientras el vodka se evaporaba con su sudor.
Habían pasado 5 años desde que se habían visto por primera y última vez. Entonces las cosas eran distintas: él tenía a alguien, y ella no se había fijado en él. Ahora era Roxanne la que tenía a Dante, y él estaba más guapo que nunca.

Después de algunos meses de hablar -ordenador mediante- decidieron hacer un viaje de amigos. Un viaje de 5 amigos. Iba la pequeña y frágil Evelyn, también iba Laurence, un amigo común de ambas. Los tres cogieron un barco y se fueron. Cuando ya estaban instalados en la habitación llegaron ellos. Llegó él: Thomas. Además de su mejor amigo, del que Eve había estado locamente enamorada hacía casi un lustro. Era un viaje de amigos, "No va a pasar nada" se repetía a sí misma sin parar Roxanne.
La primera noche quiso regalársela a Evelyn, para que quitase de su pecho todas las espinas que tuviese con aquel muchacho de ojos verdes y piel morena. Roxy durmió en la misma cama que Thomas, en la cama contigua, su amigo Laurence, pero insistieron los dos: -No va a pasar nada.

Él le olió el pelo y la agarró en silencio pegando su cuerpo a la espalda de ella. El corazón de Roxanne se descontroló y su piel se erizó. Cada centímetro de su cuerpo se estremeció cuando el aliento de Thomas le impregnó la nuca. Era imposible resistirse. O eso se dijo para evitar culpabilidades. Se dio la vuelta y le besó. Olvidaron a Laurence. Olvidaron que en la habitación contigua estaban los mejores amigos de ambos. Olvidaron la vergüenza y las cadenas, y se abandonaron. Roxanne perdió la razón y la ropa interior. Dos veces. Dos veces se equivocó esa noche, y otra más al día siguiente.

Roxanne ahora sentía que su mente estallaba cada vez que pensaba en él. Y Thomas seguía con su vida, porque aquello no había sido nada más que lo que fue. Dolía. Y Roxy buscaba desesperadamente a Dante, para refugiarse del dolor bajo sus alas, entre sus labios, en sus ojos verde musgo. Cada vez tenía más ganas de correr y huir. Y su corazón se batía en duelo con su cuerpo.

No podía olvidar aquel tatuaje, aquella piel que tanto acarició, ni aquel olor.


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