martes 10 de mayo de 2011

Roxanne y Hakem

Roxanne sabía como era.
Se conocía desde el mismísimo día en que nació, obviamente.
Y por eso y solo por eso, sabía donde se estaba metiendo cuando permitió que sus ojos -libidinosos y ávidos de fantasía romántica- se posaran en Hakem.

Roxanne tenía mucho en que meditar, muchísimo. Ya nunca pensaba en Dante, ni en Thom, ni en nadie.
Había huido de aquellas tierras lejanas y frías, y ahora estaba junto al mar, donde Camilo aseguró que volvería. Camilo... ¡Ay! Camilo... Camilo ya no existía, ni Evelyn, ni Charlotte... Hasta Julien estaba lejos. Y en el fondo, todo eso dolía.

Roxanne había cambiado su vida cuando había decidido volver, dar un paso atrás, todo había cambiado, gente nueva, cosas nuevas, nuevas formas de pensar. Y Hakem.

Hakem la había desestabilizado, y la desestabilizaba. Era su mejor amigo,y por eso siempre le llamaba Kem, como Egipto. El país de Kem, el país de su Hakem. No. No era suyo y nunca iba a serlo.
Le recordaba a Camilo, porque compartía con él el coche y los días de aburrimiento. Le recordaba a Thom, porque era frío y luego no lo era. Le recordaba a Liam porque se llevaban bien entre ellos. Le recordaba a Dante porque... no, mentira, no le recordaba a Dante, y eso era lo que más le gustaba

Durante los meses en los que había pensado en Hakem cada vez que sus dedos se perdían en sus braguitas, los meses en los que cada vez que regalaba a cualquiera una parte de sí misma entre jadeos, se convencía de que Kem también lo haría, durante todos esos meses, había llegado a pensar en que estaba enamorada.

Pero hoy había sido diferente. Hoy se había dado cuenta de que Kem no era parte de lo que ella quería para el futuro, porque ella no pensaba en compartir con nadie su futuro. Bendito futuro me espera, pensó. Pero así era. Ella quería ser mayor, tener 30 años, y comer comida a domicilio con su ordenador portátil en las rodillas y ningún otro acompañamiento que una copa de vino espumoso. En su futuro no entraban Dantes, ni Thoms, ni siquiera Hakems. En su futuro estaba ella. Y tenía que cuidarse.

Una conversación, una simple conversación con Cassandra. Sólo dijo: "Sabes esa frase que dice Prometer es mentirle al destino, es perder por adelantado, pues esa es nuestra forma de vida"
Y Roxanne pensó, simplemente, que tenía razón, y ahora, con Hakem de por medio, se daba más cuenta.

Roxanne vivía al límite de sus posibilidades, con todo, sobre todo consigo misma y su salud. Y Cassie era ella. Cassandra era todo lo que ella era. Y sabía cuando Roxy mentía, cuando se lo hacía a los demás y cuando se lo hacía a sí misma. Porque Cassie la conocía demasiado bien. Había sido la primera que había hablado con ella directamente sobre Hakem, la primera que le había dicho a la cara que era estúpida por ser su mejor amiga, por dormir a su lado y no querer tocarle, por permitir que él fuese y viniese dentro de su cabeza sin hacer nada, por alentarle cada vez que Kem buscaba una nueva conquista.

Pero Roxy no quería una vida con Hakem, Roxy quería tenerle. Por encima de todas las cosas era la posesión lo que apremiaba. Necesitaba derramarse sobre su cuerpo y mezclar su saliva con la de él deshojando cada segundo como una margarita. Quería gemidos, quería dedos que se clavaran en su carne, y sobre todo quería que fuese suyo. Una vez. Le quería una vez.

- Probablemente después te volverás loca y te obsesionarás hasta límites que no imaginas- Cassie dió una calada al cigarro que tenía en la boca y la miró sonriendo.
- No sé, quizá. Aunque también podría ser que después de acostarme con él se convierta en uno más de mi lista y desaparezca de mi cabeza- Roxanne no la miró.
- Entonces éntrale. La próxima vez que estés con él a solas tócale, dale un beso, cómetelo.
- Hakem no es de los que se deja comer, Cassandra, y lo sabes.
- Roxy, eres idiota, es un tío, siempre se dejan devorar. Lo que pasa es que tienes miedo, porque significa más para ti de lo que asumes y crees que podría significar aún más si le pruebas.

Roxanne no habló. El cigarro se consumió.

Sabía que era verdad, en el fondo. Que los celos la consumían cuando veía como trataba a esa otra chica, esa otra chica que también era amiga de Roxy. Le consumía vivir sin saber que pasaría: si mañana le contaría lo bien que lo pasó en el coche con ella, o lo mucho que gimieron en su cama, o que se iba con ella a algún parajje inóspito.

Mierda. Otra vez. Otra vez esos celos, esa misma sensación de desasosiego intenso, de no llorar y sin embargo morirse de ganas por derramar una lágrima.

Roxanne sabía como era, como funcionaba su mente. Y a pesar de eso, había puesto los ojos -libidinosos- en Hakem. Su Kem, que nunca sería suyo.





3 soñadores que piensan...:

Atenea dijo...

Qué cierto es eso de que no nos vemos a nosotros mismos con exactitud. No sé, pero yo pienso que esa Roxanne puede llevarse de calle a quien quiera y no para una sola noche. Lo que pasa que tal vez tenga que empezar a dejarse llevar.

"El corría, nunca le enseñaron a andar, se fue tras luces pálidas.
Ella huía de espejismos y horas de más.

Dejarse llevar, suena demasiado bien".


Me encanta volverte a leer.

Anónimo dijo...

Sinceramente, no puedo seguirte el ritmo con tanto nombre. Solo falta Hasala Musaka.

Srta. Newman dijo...

Querido Anónimo:
Los nombres son nuevos, porque las personas son nuevas. Hay artículos anteriores que hablan de las personas que se nombran. Dante tiene dos o tres para sí mismo, Thom también. Camilo es el primero de los amigos de roxanne que plasmé en una entrada, los demás, como bien se ve, son irrelevantes en cierto modo, por lo menos en este momento de la historia.
De todas formas, aprecio muchísimo tu intención de seguirlo, por eso he puesto los Tags de Roxanne y Roxy.