Esa era la palabra que le venía a la cabeza una y otra vez.
Rota. Rota. Rota. Estás rota.
Roxanne tenía miedo. Por haber perdido los amigos, y las formas, por haber perdido a Caleb, a Cassie, a Camilo y a Dante. Por haber perdido la gente con la que bailar un sábado por la noche, por haber perdido las ganas de beber de un vaso hasta olvidarse.
Rota. Rota. Rota.
No dejaba de repetirse una y otra vez lo rota que estaba, las ganas que tenía de huir, y lo lejos que estaba todo. Su mundo estaba en ruinas. No le quedaban amigas donde vivía, en aquel pueblo al lado del mar. No le quedaban amigos con los que tomarse una copa el sábado más próximo. Sólo le quedaban amigos de charlar. Nadie con quien destruirse. Esa no era Roxanne.
Rota. Rota. Rota.
Que miedo, joder, que miedo tenía Roxanne. De estar rota y no poderse reponer. Que miedo le daba la monotonía, y que todo fuese siempre igual.

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