Ya no tenía esa inspiración inexplicable que solía venirle cuando en vez de llorar, reía. Y la echaba de menos. En exceso. Probablemente sería porque llevaba más de un año sin subirse a un avión, y a Roxanne los aviones la inspiraban.
Le hubiese gustado decirle a Caleb todo lo que pensaba. Caleb era nuevo en su vida, y llevaba dos meses siendo amada por él. Sí, él la amaba. No necesitaba enamorarle porque ya lo estaba. Y era perfectamente rubio, con sus ojos perfectamente azules, perfectamente bueno, tan perfecto.
Tan perfecto que dolía. A Roxy le dolía.
Estaba más confusa que nunca. No sabía bien si era porque sólo habían pasado dos meses y a ella le parecían 6 años. O porque Caleb era demasiado bueno, y ella demasiado mala, y masoquista, y amargada.
¿Dónde estaba la pasión? La había perdido, igual que la inspiración. Era sistemática, monótona, racional y moderada. Ya no era Roxanne. Ya no se destruía cada fin de semana, ni bebía hasta olvidarse de la vergüenza, ni lloraba, ni se inspiraba. Ya no era Roxanne. Y se echaba de menos.
La facilidad con la que Caleb había entrado en su vida, como una tabla de salvación para un coche que estaba estropeado la asustaba y la confundía. Esa no era Roxanne. Ella era de las que amaban hasta que dolía, sobre todo dentro de ella y sobre todo cuando escribía. Pero ya no tenía letras que dedicarle al amor doloroso, ni al atmosférico, ni siquiera al amor perfectamente perfecto.
Ahora se preguntaba si no estaba jugando a estar bien, quedándose sentada en cualquier sitio. También se preguntaba si estaba rota del todo, si aquél mecánico no la había estropeado para siempre. Era duro. Era duro darse cuenta de que no todo lo que reluce es oro, y que por perfecto que fuese todo, no era lo que la hacía feliz.
Caleb no era igual a ella, ni la veía como una igual, la veía como alguien superior, como un ser divino, como una diosa. Y Roxy era cualquier cosa menos eso. Roxy era mezquina, soez, desvergonzada, cruel, egoísta, mala. Roxanne se sabía mala, pero le gustaba. Lo que no le gustaba es que la gente creyera que era cosas que no era, y menos Caleb.
- - ¿Sabes qué pasa? Que me encanta como eres
- - No sabes como soy
- - Sí, eres guapa y buena, eres la chica más inteligente que conozco, y curiosa y culta, tienes inquietudes intelectuales, y te gusta el cine y la música, eres generosa, sabes escuchar, amiga de tus amigos, cariñosa, cálida, perfecta.
Y cientos de mentiras más. Pensó Roxanne. Ella no era guapa y no era inteligente, ni generosa, ni altruista, aunque sí le gustase el cine y la música, eran gustos que no le gustaba compartir, que eran suyos. Su música, sus películas. Ella era sólo ella, y estaba hecha para ser sólo ella.
Dante me estropeó para siempre. Y le dolía, porque había perdido esa inspiración inexplicable y la pasión, y porque no quería tener a la perfección perfecta de Caleb a su lado, aunque le quería, no quería que fuese perfecto.
1 soñadores que piensan...:
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